LOCAL DE VENTAS: Belgrano 171 – Ramos Mejía - (011) 4656-7523
Horario de atención: Lunes a Viernes 9:30 a 20 hs – Sábados 10 a 14 hs. y 16 a 20 hs.
 
Página de Inicio Quiénes somos Regístrese Contacto
 
     
 

Gente de Ramos Mejía*

   El lugar fue parte de la inmensidad que se presentaba ante los ojos del viajero que dejaba atrás las últimas casas de la ciudad de Buenos Aires, en dirección al oeste.      Luego, si bien era ya conocido, comenzó a ser clara referencia cuando recibió al ferrocarril que, después de haber recorrido el primer tramo –desde la actual Plaza Lavalle hasta Floresta– con la tracción de la legendaria locomotora La Porteña, continuó su marcha siguiendo el sendero del sol. Florecieron entonces las quintas como la “… de la calle Gaona …” –que habían alquilado amueblada–, a la que aludió Jorge Luis Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, uno de los cuentos de Ficciones (“quizás el libro más reconocido” de ese prestigioso autor, como se señaló en su edición 2012). 

   Cuando ya los loteos y subdivisiones más importantes se habían realizado y el lugar presentaba profundas transformaciones, en septiembre de 1964 la Ley 6.802 de la Provincia de Buenos Aires declaró “ciudad al actual pueblo de Ramos Mejía”. 

Ciudad a la que su gente le dio peculiares características y la hizo trascender. 

   Su gente es la de hoy y la de ayer. La que se quedó y la que se fue, incluyendo aquellos que habiendo ido por otros caminos no dejaron de recordar su paso por Ramos Mejía, como los casos de notorias personalidades que no han perdido ocasión adecuada para exteriorizar ese recuerdo. 

   Claro está que entre esa gente se deben computar a los que embellecieron el lugar con sus quintas y a los que tuvieron a Ramos Mejía como meta de sus vacaciones o de sus fines de semana. 

   Pero todo parece indicar que para llegar a la actual fisonomía fueron decisivas las migraciones que protagonizaron a través de los años mujeres y hombres como los personajes de la novela Una pequeña familia (1951), de Bernardo Verbitsky, también autor –entre otras obras– de Villa Miseria también es América, de quien se dijo que habría sido el primero en utilizar la expresión “villa miseria”. 

   En Una pequeña familia, Luisa y Eduardo, con sus pequeños hijos Tucho y Lila, bajaron del tren, accedieron a la Av. Rivadavia, esa que –dice el autor– “nacía en Plaza de mayo y se perdía en la pampa”, caminaron algo más de seis cuadras, pasando por “un gran quintón como los de San Isidro”, para alcanzar un pasaje sin asfalto, donde estaba ubicada la casa que habían alquilado, a pocas cuadras de la fábrica Danubio, que estaba rodeada de una arboleda. 

   Como tantos de la vida real, esos personajes pensaron en una vida mejor de la que tuvieron en el departamento que habían dejado –inclusive por las posibilidades de juego para los chicos en un barrio que aún tenía baldíos– y al llegar a la casa alquilada, festejaron la existencia de un jardín y comprobaron la solidaridad de las vecinas para superar el primer problema (no había agua corriente y el bombeador no funcionaba). 

   Para ir al trabajo, Eduardo –el personaje de Verbitsky– empleaba 10 minutos para llegar caminando hasta la estación, 20 en el tren, 7 en el subterráneo y otros 7 en tranvía. Pese a las combinaciones, ese viaje de tres cuartos de hora resultaba más placentero que el que tenía que hacer desde el departamento, en colectivos repletos. No debe resultar tarea fácil calcular cuántas pequeñas familias cumplieron un recorrido similar al de los personajes de la novela de Verbitsky o se instalaron en Ramos Mejía por causas u objetivos parecidos al de éstos. 

   Sabemos que fueron muchas, y por los relatos de memoriosos pobladores –como Don Paco y otros– hubo épocas en las que incluso se dijo que por consejo médico se decidía residir en la cercana Ramos Mejía, porque su arbolado ambiente favorecía las funciones pulmonares. 

   Los hijos de quienes llegaron en esas épocas tuvieron ocasión de caminar por los bulevares de Belgrano y de Av. de Mayo, de ver el arco que en el comienzo de ésta daba la bienvenida a la ciudad de Ramos Mejía, de reclamar una vuelta más en la calesita de la Casa de Auxilios, o de pedirle a papá de ir hasta la Av. Rivadavia para ver pasar el tren. 

   La Ramos Mejía de Borges (lado norte) y la de Verbitsky (lado sur) era la de una época en la que chicos como Tucho, Lila y tantos como ellos percibieron cómo iba quedando en el recuerdo –a medida que llegaban otras muchas personas–, para dar paso a la bulliciosa ciudad actual, producto de la gente de hoy y de ayer, de la que se fue y de la que se quedó.


* Este artículo fue publicado en Septiembre de 2013 en INALTO –Revista Mensual de Cultura–, dirigida por Silvio Palermo y editada por INALTO S.A. (Sede social: Lavalle 1290, Piso 1º, Oficina 113, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. LOCAL DE VENTAS: Belgrano 171, Ramos Mejía (PBA) –a pasos de la Estación y de Av. Rivadavia al 14.000–; Teléfonos: –011–  4656-7523: E-mail: info@inalto.com.ar; 




 
 
 
Edciones impresas